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EL SÍNDROME DEL FINAL FELIZ

“Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros” Groucho Marx.

 

¿Recordáis cuáles eran vuestros principios hace diez años? ¿Hace veinte? ¿Hace treinta? ¿Han cambiado? Probablemente, como los de todo el mundo.

 

Hace poco he leído sobre el síndrome del final feliz, creo recordar que se llama así. Este síndrome tiene la particularidad de que todos lo tenemos. Viene a decir que siempre nos veremos como somos ahora mismo, dentro de unos años. Es decir, que creemos que no vamos a cambiar, no físicamente, lo cual es obvio, si no en costumbres, hábitos, formas de pensar, incluso de vestirnos o nuestros gustos culinarios. Siempre beberemos lo mismo para comer, o comeremos las mismas cosas, o vestiremos de una forma determinada para siempre, cuando en realidad, si nos paramos a pensar, cuando teníamos 13 ó 15 años, vestíamos de una manera muy distinta.

 

Acabo de relataros un síndrome que se supone que “Acaban de descubrir”. Pues perdónenme ustedes, pero es una soberana gilipollez. Yo a ese síndrome lo he llamado siempre madurar. Y ha existido toda la vida como madurar. Lo que pasa es que ahora no tenemos hambre, tenemos el síndrome del  “Agujero en el estómago”. No tenemos apetito sexual, tenemos el síndrome de “Me la pelo como un macaco”. Hombre, un poco de seriedad, que de toda la vida se ha dicho envejecer o madurar y ahora es el síndrome del “Final feliz”… hay gente que se aburre.

 

La vida es un continuo. No se puede parar, dicen en filosofía que “Todas nuestras opiniones están alienadas”, es decir, ninguna opinión es propia, en realidad. Todo lo que nosotros pensamos, opinamos o creemos, está condicionado por factores externos como nuestro ambiente social, cultural, ideológico o temporal. A medida que esos factores cambian, nuestra concepción de la realidad cambia, y nosotros con ella.

 

No nos engañemos. Lo que hoy vemos como una verdad absoluta, mañana nos puede parecer una tontería, o podemos incluso avergonzarnos de que en ese entonces creyéramos en eso. Pero es parte del devenir de la vida, del continuo espacio tiempo, si así lo queremos ver. El tiempo avanza, nosotros con él, estancarnos es imposible, aunque queramos. Lo que hoy nos ocupa nuestro tiempo porque nos fascina, mañana nos puede parecer aburrido y monótono, y lo que hoy no queremos ni en pintura, dentro de un par de horas estaremos pegados a los libros buscando información para saber más.

 

Quizá por eso a día de hoy no me he hecho un tatuaje, porque lo que hoy me fascina, quizá mañana me parezca horrible, y por ello me arrepienta.

 

Pero en fin, es lo que hay. Es la vida.

 

Pero no os creáis esto demasiado. Quizá mañana os diga que el ser humano es inmutable.

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