Adolescentes con corbata.

En la dinámica paterna, hay siempre una máxima que suele repetirse. “!Qué bueno es mi hijo!” y “¡Hay que ver la travesura que ha hecho tu hijo!”. Nos gusta atribuirnos los aciertos y desviar los errores, es una condición humana, no se puede evitar.

 

Sin embargo, lo que es condición humana, no debería trasladarse al plano político. Un Presidente de Gobierno que se precie, jamás debería meterse en política. Es una trampa mortal y debe evitarse a toda costa.

 

Creo que los de mi generación ochentera y, sobre todo noventera, hemos visto esta condición política toda la vida. Hemos asistido a la “adolescencia” de la política en España y, como tal, es como un grano en el culo. Los adolescentes piensan siempre que tienen la razón, que jamás van a cambiar, que los adultos son un problema y que los problemas del mundo no van con ellos. Y eso sería algo puramente anecdótico, algo sólo para sonreír por la ironía, si no fuera porque son precisamente esos púberes de corbata (a veces) y traje pantalón los que tienen que solucionar esos problemas.

 

Es posible que todo comience como algo inocente, algo puro, algo tan simple como querer cambiar el mundo para mejor, pero es cuando se llega a la poltrona desde la que se puede hacer, cuando se pierde la perspectiva en la nube de adulaciones y el sentimiento de poder, el sentimiento más engañoso de la historia.

 

Cabe recordar que la clase política no está en ese puesto para beneficio propio y de sus amigos, si no para servir a los que le han votado (y a los que no, también). El único privilegio del que deberían gozar quienes ostentan escaños, debería ser el de que casi todo el mundo supiera quién es. Por lo demás, gobernar un pueblo/ciudad/CA/país, es un trabajo, un sacrificio y un deber.

 

Cuando en un país, prácticamente todo el mundo quiere ser político y tener un escaño en el congreso, o ser alcalde o similar, es por dos motivos, o se tiene un acusado sentido del deber y de querer hacer las cosas bien en un país o es porque es un puesto-chollo donde la ley del mínimo esfuerzo se impone y, por desgracia, no veo a mucha gente dándose golpes en el pecho por España.

 

En realidad, creo que nadie debería querer ser político ya que, para empezar, debería ser un puesto remunerado con el SMI, pero también porque es el trabajo más hipócrita del mundo, donde tienes que sonreír y abrazar a aquel a quien apuñalarías. Es un deber por el que partirse la cara por tu país y las personas que en él viven.

 

Tecnología, viajes Premium, coches blindados, contratos millonarios, sueldos vitalicios, conferencias remuneradas (mucho), comilonas, ropa cara… no digo cómo tiene que vivir cada uno, pero todos esos privilegios de los que goza la clase política a costa de sus votantes no van a hacer que el país vaya mejor (quizá tampoco mucho peor).

 

Me avergüenza sobremanera ver a políticos lanzarse dardos los unos a los otros, tratando de demostrar en el Congreso de los Diputados quién hace el comentario más ingenioso para desmerecer al que tiene un color diferente en su carpeta, sin asumir responsabilidades por sus fechorías o encubriendo las propias con demagogia barata. Parece más importante demostrar lo malo que es el otro partido que arreglar los problemas por los que están ahí. Y no estoy pidiendo un político que jamás haya robado una goma de borrar o que vaya a misa los domingos, dicen que el poder corrompe y que nadie se libra de ello, y sé que el que se siente en el trono de la Piel de Toro va a aprovecharse de alguna manera de su puesto, pero me conformo con que cuando le pillen, sea honrado, lo reconozca, devuelva lo robado y deje paso al siguiente. Y si roba, que robe, pero por lo menos que resuelva los problemas del país, que para eso está ahí.

 

¿Cuál es la pega? Pues que resolver los problemas del país no depende sólo del partido que esté en el poder, sino de que los demás partidos no les dificulten el trabajo. La utopía es que esos partidos que hoy se tiran mocos a la chaqueta, se sienten con folios en blanco alrededor de una mesa, sin líneas rojas, escuchando a los demás sin prejuicios y debatiendo qué es lo que realmente le viene bien al pueblo, no al partido. Y sí, me diréis que eso es lo que se hace en el Congreso de los Diputados, pero es mentira. Lo que veo es una pelea de críos, un concurso de meadas, una medida de… egos. Es lo que veo y me siento estafado por todos.

 

Educación, sanidad, empleo, educación (lo pongo dos veces porque es la piedra de toque de todo país que quiera ser importante) es lo que deberían arreglar y no estar todo el día preguntando por qué me quitaste el boli de la mesa y no me lo devolviste. Se debería crear un sistema educativo común y definitivo, aprobado por TODOS y con la cláusula de no modificarlo en unos cuantos años, para ver si realmente da resultados. Se debería buscar un modelo de sanidad pública común, donde da lo mismo de qué parte del país seas, donde puedas ser atendido por un número adecuado de personal, en unas condiciones adecuadas. Es imposible que no surjan problemas, siempre surgen, pero las medidas para corregirlo deberían ser rápidas y contundentes. Y la palabra “contundente” me lleva a una reflexión mucho más importante.

 

El código penal está mal hecho. Se puede condenar a una persona por un delito pero no pagará según qué casos. Si robas y se prueba, no me vale con que esté un tiempo en la cárcel, debe devolver lo robado. Si te condenan a ir a la cárcel, no puede ser que no vayas porque has sido condenado a menos de dos años, o porque es tu primer delito o porque has pagado una fianza. Eso sólo demuestra que los ricos no pisan la cárcel. Las condenas hay que cumplirlas y, si incumples la ley, debes aceptarlo y pagar. No siempre es equitativo el castigo con el hecho punitivo, pero si no se hace nada es cuando el mal gana.

 

Pero sobre todo, volviendo al problema de los políticos de hoy en día. Aún estoy esperando algún político que supere esa adolescencia y se preocupe de verdad por los problemas por los que ha llegado a ese lugar. Si te hemos elegido es para que arregles algo. Si no lo haces, vete, estás incumpliendo el contrato que de facto firmaste con los ciudadanos al elegirte.

 

Pues sí, ese debería ser el mundo ideal, aquel en el que todos gozásemos de una educación superior (no me refiero sólo a títulos), con los que probablemente la criminalidad bajaría drásticamente. Un lugar en el que todos pudiésemos ser atendidos por médicos preocupados más por su paciente que por sus condiciones laborales, un lugar donde crear trabajo fuera premiado y no dificultado por querer mamar de una teta que ya no da ni el suero de la leche. Donde supiésemos que no hay a diario delincuencia a los niveles a los que ha llegado España, porque todo aquel que incumpliera la ley recibiera un castigo ejemplar, sin vericuetos, sin derecho a reducir la pena pasando por caja, sin privilegios. Un lugar en el que gobernar un país sólo significase que tienes que trabajar duro las 24 horas para hacer tu trabajo, sin privilegios, tampoco. Porque hoy en día, ser político y ser delincuente empieza a parecerse peligrosamente.

 

P.D.: Si alguien lee este artículo de opinión y tiene el ominoso impulso de decir que soy de un partido o de otro, que tiendo más hacia un lado que a otro o desea calificarme de alguna manera despectiva, he de decirles que tienen toda la razón. No porque pertenezca a algún partido, sino que suelo votar al mismo (soy así de consecuente con mis ideales), pero eso no quita que estoy dispuesto a escuchar otras ideas con el mismo respeto y apertura de mente con la que espero se lean estas líneas. Como bien decía una de mis profesoras “No se puede ser apolítico. Se puede ser apartidista”.

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QUERIDAS CHICAS DEL TRANVÍA

Al igual que vosotras, muchos de nosotros usamos el transporte público. No puedo hablar por el resto de hombres porque no me declaro portavoz más que de mí mismo, pero cómo vayáis vestidas, cómo llevéis el maquillaje o cómo estéis de sobrias o borrachas es asunto vuestro.

Como hombre que soy, miraré vuestras piernas si lleváis minifalda, vuestro trasero o vuestros pechos pero durante un par de segundos por pura curiosidad o admiración, ya que mirar no está prohibido de momento y una cosas es mirar un par de segundos y otra quedarse horas embobado. Igualmente vosotras podéis mirar lo que quiera que miren las mujeres en el cuerpo de un hombre, que no me voy a sentir incómodo ni violado, la naturaleza humana y los instintos son inevitables, la educación para aprender cómo interpretar o actuar frente a esos instintos se aprenden y adquieren con un poco de voluntad.

No necesito a una mujer que se esconda tras un abanico, sumisas no me van. Si de verdad estáis interesada en algo, acercaos y preguntad, que eso no os hace fáciles si no determinadas. Si necesitáis saber algo como la hora o el destino del transporte, no dudéis en acercaos y preguntar, que eso no lo voy a interpretar como que queréis sexo salvaje, pero si os ofrezco la mano para estrechárosla y me presento tras vuestra pregunta, tampoco significa que quiera sexo salvaje si no conocer a una persona, no todos los hombres somos depredadores sexuales.

Es más, en realidad yo personalmente no necesito nada porque mi novia es todo cuanto necesito y más aún, está conmigo por propia voluntad y lo estará el tiempo que ella decida estarlo ni un minuto más. Podéis creerme o no, no me va la vida en ello, pero así es. Eso no quita que si veo a una mujer bonita la mire durante un par de segundos, al igual que si ella ve a un hombre bonito lo mirará durante unos segundos, se llama naturaleza humana.

Las reglas del coqueteo las rompieron los primeros que no entendieron eso del “no es no” pero todos pagamos las consecuencias. Las mujeres asesinadas a manos de hombres ya no pueden hablar, al igual que las mujeres asesinadas a manos de mujeres, los hombres asesinados a manos de hombres y los hombres asesinados a manos de mujeres todos dentro de la relación, de todo hay y todas las muertes tienen para mí el mismo valor, el de una persona que le arrebata la vida a otra sin tener derecho a ello. Personalmente creo que contra todos ellos, que arrebatan las vidas de aquellas personas que ilusoriamente aman, no debería haber piedad ni perdón en la tierra, pues Dios, si es que existe, es quien debe aplicar ambos términos cuando toque, pero como es sólo mi opinión, ahí la dejo.

Eso sí, recordad que todavía hay hombres que cumplimos las reglas, que si os abrimos las puertas, os ofrecemos nuestro asiento o nos ofrecemos a pagar lo que hayamos consumido, si nos presentamos, no es machismo si no educación, recordad que todavía hay hombres que les importa un pito cómo vayáis vestidas. No olvidéis que algunos, también pagamos las consecuencias de unos energúmenos.

¿Noche de Paz?

Ah… la Navidad. Época de ilusión y buenas vibraciones. Días en los que se recupera la fraternidad, el amor al prójimo, donde se celebra el cumpleaños de Jesucristo, época de buenos deseos y propósitos…

Claro, sí. Sin duda alguna.

Descartando el manido tema de que el motivo de celebración es una falacia pues ni este señor nació un 25-12 ni por asomo, si no que se ha cogido una antigua fiesta pagana y se ha cristianizado, como otras muchas, todo lo demás también cae por su propio peso.

Desde varias semanas antes del día 25, gastamos ingentes cantidades de dinero, que a veces no tenemos, en comida y bebida en cantidades similares. Llenamos los congeladores, neveras y despensas de carísimos manjares porque el día de la fiesta, habrá que comérselo todo y tenemos la presión añadida de que tendremos que disfrutar de ello por imperativo legal.

Pero no sólo es la comida. También hay que decorar la casa. Hay que poner un belén/nacimiento/misterio, hay que poner guirnaldas, bolitas, muérdago y sobre todo, un árbol. probablemente será un árbol que se dedicará a soltar trocitos de lo que sea en el suelo. Pasaremos gran parte de la tarde desenredando luces de colores, para lo cual nos hemos estado entrenando todo el año con nuestros auriculares y cargadores. ¿Cómo decorar el árbol? ¿Qué colores poner? ¿Qué luces encender? ¿Dónde ponerlo? ¿Natural o artificial? En eso último prefiero que sea artificial, dura más y no deforestamos la Tierra, que cuando éramos cuatro gatos sobre el planeta no pasaba nada, pero con siete mil millones de almas la cosa se pone chunga si todo el mundo quiere su árbol.

Y mientras compramos como si no hubiera un mañana y decoramos el árbol, pues suenan los villancicos, piezas ancestrales y, por lo general, lamigosas y edulcoradas que se repiten una y otra vez en la chillona voz de una escolanía (no me meteré en las versiones).

Se acerca el día 25 y ese tal Papá Noel, o San Nicolás, va a dejar los regalos debajo del árbol. Y por supuesto el patrio día del 6 de Enero donde 3 Reyes Magos dejan regalos también. Pero esos regalos no aparecen como por arte de magia en las casas.

Vemos a la gente correr de un lado para otro de la ciudad con bolsas llenas de regalos. intercambio de presentes que, de ser equitativos, deberían se del mismo valor económico ambos.

Pero en realidad lo que hay es un estrés creciente en las personas que quieren la botella de champán más cara, el caviar más exclusivo, la carne más sabrosa, el pescado más fresco, el regalo más original y caro. Y ese estrés viene provocado por la manía de dejar todas esas compras para los últimos días, y nos encontramos a mucha gente el día 23-24 corriendo como si fueran perseguidos por el mismísimo Satanás, arrancando objetos de las manos de otros porque suponen tener más derecho, corriendo por llegar primero, olvidando y obviando las normas de cortesía y buena educación, sólo para tener todas esas cosas para demostrar que somos los más buenos y los que tenemos el espíritu navideño más largo.

Porque estos días son para estar con los demás, hacer como que te caen bien, pasar ratos de gran tensión en la mesa o en la antecena, o en la postcena. No me refiero sólo a los familiares, también a los compañeros de trabajo durante las cenas de empresa. Sin duda, hace poco he leído que un par de cenas de empresa habían terminado en pelea multitudinaria. Lo que me sorprende es que no pase más a menudo.

Pero no os preocupéis, a partid del día 6 de enero ya podemos volver a odiarnos y a llevarnos mal. Ya podemos volver a olvidarnos de los necesitados (los de verdad, no los que aprovechan estas fechas para dar pena), podemos planificar los regalos para los cumpleaños/aniversarios, hay que regalar cuando toca, no sin motivo, a diestro y siniestro, pues eso sería un desbarajuste.

Porque estas fechas lo que nos insuflan es una gran presión por ser buenas personas y demostrarlo. No nos basta con ser buenas personas, tenemos que ser las mejores, aunque eso signifique pisotear al que tenemos al lado. Tenemos que ser los mejores y eso, no es un buen aliciente para alentar ese espíritu, es una competición encubierta para ver quién gasta más, quién pone la mesa más ostentosa, quién da el mejor regalo.

La Navidad podría ser una gran época si no la hubiésemos planteado tan sumamente mal. Puede que sea un señor Scrooge.. sí, es posible, pero al menos no caigo en hipocresías. Hoy se supone que es Nochebuena… para mí es jueves, punto.

Este texto se me ha venido a la mente mientras veía a la gente volverse completamente loca en Mercadona hace un rato, porque ir y volver al supermercado en coche, al menos en mi pueblo, es como para otra entrada.

¿CRISIS O LIMPIEZA?

¿Está esta crisis sirviendo más de limpieza que otra cosa?

Ojo, digo esto ahora y lo repito después, esto es una reflexión, no necesariamente es una opinión o una declaración de mi postura respecto de esta crisis, o de lo que pienso, es sólo una reflexión, así que no os tiréis contra mí como si fuera el malo de la película.

“Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” “Esta persona llevaba defraudando a Hacienda/El Gobierno/El Ayuntamiento/a su empresa/a lo que sea, durante x años”

Son frases que hemos escuchado hasta la saciedad en estos 7 años que dura ya la crisis. Nos hemos preocupado por los corruptos cuando nos ha tocado los bolsillos, nos hemos fijado en el Euribor, el precio del dinero, la inflación y demás ahora que necesitamos ahorrar.

¿No son acaso las primeras personas que han caído las que han hecho peor las cosas? Gente que pedía hipotecas a niveles brutales con un contrato temporal (porque los bancos se lo ofrecían y ellos lo permitían), políticos que han chupado del bote desde antes de la crisis (¿Ahora nos hemos dado cuenta y ahora nos indigna? ¿No antes?).

CUIDADO, no defiendo a nadie y esta crisis ha provocado dramas a personas y familias que NO SE LO MERECÍAN, pero también a gente que buscaba el primer vericueto legal para meterse ahí y aprovecharse.

Quizá cuando esta crisis termine, estemos más preparados para evitar que la siguiente (que la habrá), sea tan profunda. Quizá evite que cualquier cantamañanas dirija algo tan importante como una multinacional o un país, quizá sepamos en qué no meternos, quizá haya menos corruptos, o roben menos cantidad (quizá porque no habrá mucho más que esquilmar).

Quizá todo esto nos sirva para hacer una limpieza general del país o del mundo, para quitar lo que sobra o, al menos, la mayoría de lo que sobra. Quizá nos enseñe que la corrupción debe ser atacada desde el primer momento.

Sé que no son los únicos problemas, y en los comentarios enumeraréis miles de ellos más, comentaréis casos propios o conocidos, habrá exaltados de un lado y de otro que me llamarán de todo, habrá comedidos que darán su opinión sabiendo que puede que no sea la correcta, pero es suya. Pero lo que me arrojan estas líneas es que hemos pecado un tanto de desidia, nos hemos dejado mangonear, y cuando se ha hecho un agujero en el bolsillo, hemos pataleado. 

¿No nos servirá esta crisis quizá para limpiar y cribar? ¿Para que cuando nos recuperemos seamos mejores y más preparados?

Dadme un par de segundos que me pueda proteger antes de empezar a tirarme piedras.

REPITO, esto es una reflexión, no necesariamente es una opinión o una declaración de mi postura respecto de esta crisis, o de lo que pienso, es sólo una reflexión, así que no os tiréis contra mí como si fuera el malo de la película. No disparéis al que piensa y discurre en voz alta, porque ese es mi pecado: Decir lo que se me pasa por la cabeza.

EL MUNDO AL DESNUDO

Hace poco estuve viendo un reportaje en televisión sobre esa película, Gravity. La verdad es que la película ni la he visto ni tengo intención de hacerlo, al menos en el cine, que no tengo ganas yo de pedir una hipoteca para ver a Sandra Bullock a la deriva en la inmensidad del espacio.

 

Lo que sí es cierto es que me hizo pensar (el reportaje).

 

Uno de mis grandes sueños fue el de ser astronauta. ¿Quién no? Supongo que muchos. Traspasar las barreras de nuestra bóveda azul, salir de ese manto protector como es la atmósfera, el campo magnético, y encontrarte cara a cara con el resto, ¿el resto de qué? Pues el resto de todo.

 

Me imagino que salir ahí fuera y, sobre todo, dar un paseo espacial, debe ser una especie de Nirvana, un momento de comunión entre el cuerpo y el espíritu. Como hace unos días dije en Twitter, veríamos las guerras, los conflictos armados como simples peleas de niños. La verdad es que esperaba ataques de esa gente que siempre está apoyando causas benéficas, colgando fotos de niños con tumores o de animales maltratados, pero como yo no soy un escritor famoso ni un cantante de éxito, mis tweets por más incisivos que pretendan ser o más polémicos, pasan sin pena ni gloria por los muros de los demás, lo cual está muy bien porque así puedo decir lo que yo quiera que poca gente tendrá la santa paciencia de leerse mis paridas mentales.

 

Pero volviendo a lo que decía, esperaba ataques porque sí, es cierto que mucha gente sufre en las guerras y que, para nosotros, es algo terrible, aunque lleve junto a nosotros casi más tiempo que nuestra propia existencia. Siempre ha habido y habrá conflictos armados, y más ahora con la superpoblación, con lo territorial que es el ser humano. El hombre seguirá peleando contra sí mismo. ¿Pero acaso no vemos nosotros las peleas de críos en el patio de un colegio como eso? ¿Peleas de críos? Pues para ellos, en ese momento, su batalla puede decidir el destino del mundo y peleará hasta su último aliento por conseguir la victoria. ¿No os parece que son los mismos argumentos que usan los mayores para justificar sus guerras que ni siquiera nosotros entendemos muchas veces?

 

Pero me sigo perdiendo de lo que realmente venía a decir. El espacio exterior.

 

Dudo que nos vayamos a cruzar con otra nave espacial que pase por ahí y tengamos que dar un frenazo y sacar la cabeza por la ventanilla para acordarnos de la primera generación de la madre que parió al hombrecillo gris y cabezón que no ha respetado el Ceda el Paso que hay a la salida de Saturno, pero sí que nos encontraremos con espacio, en todos los sentidos, infinito espacio vacío (a priori), pero salpicado de un sinfín de excepciones extrañas que confirmarían que, en el espacio, no hay reglas, no hay estadísticas, no hay preestablecidos. En el espacio están todas las moléculas que existen, y sus mezclas son tan infinitas como la imaginación quiera.

 

Supongo que uno, al verse fuera de la nave, donde apenas unos centímetros de tela lo separan del vacío sideral, observando La Tierra, debe sentirse humilde. Pequeño y humilde, pero en ese momento, creo que yo, al menos, me sentiría terriblemente solo. Podría observar las distancias con cierta perspectiva, y vería que el planeta más cercano a nosotros, apenas es distinguible a simple vista, que las estrellas que vemos, alguna puede estar extinta ya, pues nos llega la luz de su pasado, y que puede que no en este sistema, ni en este brazo de nuestra galaxia, pero en alguna parte, debe haber alguien observando su planeta y sus alrededores con el mismo sobrecogimiento que yo.

 

Porque el espacio es tan infinitamente grande, tan enorme en todas sus acepciones, que me resulta imposible creer que seamos los únicos.

EL SÍNDROME DEL FINAL FELIZ

“Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros” Groucho Marx.

 

¿Recordáis cuáles eran vuestros principios hace diez años? ¿Hace veinte? ¿Hace treinta? ¿Han cambiado? Probablemente, como los de todo el mundo.

 

Hace poco he leído sobre el síndrome del final feliz, creo recordar que se llama así. Este síndrome tiene la particularidad de que todos lo tenemos. Viene a decir que siempre nos veremos como somos ahora mismo, dentro de unos años. Es decir, que creemos que no vamos a cambiar, no físicamente, lo cual es obvio, si no en costumbres, hábitos, formas de pensar, incluso de vestirnos o nuestros gustos culinarios. Siempre beberemos lo mismo para comer, o comeremos las mismas cosas, o vestiremos de una forma determinada para siempre, cuando en realidad, si nos paramos a pensar, cuando teníamos 13 ó 15 años, vestíamos de una manera muy distinta.

 

Acabo de relataros un síndrome que se supone que “Acaban de descubrir”. Pues perdónenme ustedes, pero es una soberana gilipollez. Yo a ese síndrome lo he llamado siempre madurar. Y ha existido toda la vida como madurar. Lo que pasa es que ahora no tenemos hambre, tenemos el síndrome del  “Agujero en el estómago”. No tenemos apetito sexual, tenemos el síndrome de “Me la pelo como un macaco”. Hombre, un poco de seriedad, que de toda la vida se ha dicho envejecer o madurar y ahora es el síndrome del “Final feliz”… hay gente que se aburre.

 

La vida es un continuo. No se puede parar, dicen en filosofía que “Todas nuestras opiniones están alienadas”, es decir, ninguna opinión es propia, en realidad. Todo lo que nosotros pensamos, opinamos o creemos, está condicionado por factores externos como nuestro ambiente social, cultural, ideológico o temporal. A medida que esos factores cambian, nuestra concepción de la realidad cambia, y nosotros con ella.

 

No nos engañemos. Lo que hoy vemos como una verdad absoluta, mañana nos puede parecer una tontería, o podemos incluso avergonzarnos de que en ese entonces creyéramos en eso. Pero es parte del devenir de la vida, del continuo espacio tiempo, si así lo queremos ver. El tiempo avanza, nosotros con él, estancarnos es imposible, aunque queramos. Lo que hoy nos ocupa nuestro tiempo porque nos fascina, mañana nos puede parecer aburrido y monótono, y lo que hoy no queremos ni en pintura, dentro de un par de horas estaremos pegados a los libros buscando información para saber más.

 

Quizá por eso a día de hoy no me he hecho un tatuaje, porque lo que hoy me fascina, quizá mañana me parezca horrible, y por ello me arrepienta.

 

Pero en fin, es lo que hay. Es la vida.

 

Pero no os creáis esto demasiado. Quizá mañana os diga que el ser humano es inmutable.

CORTARSE LAS TETAS

A ver, que resulta que he leído que la tal Angelina Jolie se ha hecho una doble mastes… maste… mas… vamos, que se ha quitado las tetas y luego se ha puesto otras protésicas (porque son de silicona y ese es su nombre), para prevenir un cáncer de mama del que tenía el 85% de probabilidades de que le saliera.

Pues mire usted, si tiene dinero y se lo quiere hacer, absolutamente nadie está capacitado para impedírselo.

La noticia la leí esta mañana, y vi en la página donde la explicaban, comentarios como que porqué no se quitaba un riñón de forma preventiva, o porqué no ayudaba a los pobres con el dinero de esa operación. ¿A esto hemos llegado? ¿Es el ser humano así de gilipollas? (Pregunta retórica, no es necesario contestar, lo sabemos todos).

No sé si será verdad o no, o será sólo de cara a la galería, pero creo recordar que esta mujer se va de vez en cuando a África a ayudar en aldeas (hay que tener cuidado porque se suele traer un niño en cada viaje), él y su marido. Pero sobre todo ella está (Digo que quizá de cara a la galería) muy comprometida con la pobreza y desnutrición infantil. Por lo tanto, el que hizo el segundo comentario carecía totalmente de información, repito, bajo mi opinión.

Con respecto al primero, habría que verle la cara si le dice el médico que tiene el 85% de probabilidades de tener cáncer en los testículos si no se los quita. Mire usted, antes de que termine la frase yo ya estoy afilando el cuchillo de la Nocilla para cortarme los cojones.

Para mí, esta mujer no es precisamente una gran actriz, y creo que emocionalmente, o sentimentalmente, mejor dicho, tampoco es muy estable, pero es una mujer que tiene dinero para aburrir al Tío Gilito, y se puede permitir hacer ese desembolso, es más, tiene todo el derecho a hacerlo.

Mi opinión: Lo ha hecho, me parece algo normal y lógico, y no veo crítica en ello. Sí veo crítica en la gente que está soltando pamplinas y estupideces como las que os he relatado antes.