¿Noche de Paz?

Ah… la Navidad. Época de ilusión y buenas vibraciones. Días en los que se recupera la fraternidad, el amor al prójimo, donde se celebra el cumpleaños de Jesucristo, época de buenos deseos y propósitos…

Claro, sí. Sin duda alguna.

Descartando el manido tema de que el motivo de celebración es una falacia pues ni este señor nació un 25-12 ni por asomo, si no que se ha cogido una antigua fiesta pagana y se ha cristianizado, como otras muchas, todo lo demás también cae por su propio peso.

Desde varias semanas antes del día 25, gastamos ingentes cantidades de dinero, que a veces no tenemos, en comida y bebida en cantidades similares. Llenamos los congeladores, neveras y despensas de carísimos manjares porque el día de la fiesta, habrá que comérselo todo y tenemos la presión añadida de que tendremos que disfrutar de ello por imperativo legal.

Pero no sólo es la comida. También hay que decorar la casa. Hay que poner un belén/nacimiento/misterio, hay que poner guirnaldas, bolitas, muérdago y sobre todo, un árbol. probablemente será un árbol que se dedicará a soltar trocitos de lo que sea en el suelo. Pasaremos gran parte de la tarde desenredando luces de colores, para lo cual nos hemos estado entrenando todo el año con nuestros auriculares y cargadores. ¿Cómo decorar el árbol? ¿Qué colores poner? ¿Qué luces encender? ¿Dónde ponerlo? ¿Natural o artificial? En eso último prefiero que sea artificial, dura más y no deforestamos la Tierra, que cuando éramos cuatro gatos sobre el planeta no pasaba nada, pero con siete mil millones de almas la cosa se pone chunga si todo el mundo quiere su árbol.

Y mientras compramos como si no hubiera un mañana y decoramos el árbol, pues suenan los villancicos, piezas ancestrales y, por lo general, lamigosas y edulcoradas que se repiten una y otra vez en la chillona voz de una escolanía (no me meteré en las versiones).

Se acerca el día 25 y ese tal Papá Noel, o San Nicolás, va a dejar los regalos debajo del árbol. Y por supuesto el patrio día del 6 de Enero donde 3 Reyes Magos dejan regalos también. Pero esos regalos no aparecen como por arte de magia en las casas.

Vemos a la gente correr de un lado para otro de la ciudad con bolsas llenas de regalos. intercambio de presentes que, de ser equitativos, deberían se del mismo valor económico ambos.

Pero en realidad lo que hay es un estrés creciente en las personas que quieren la botella de champán más cara, el caviar más exclusivo, la carne más sabrosa, el pescado más fresco, el regalo más original y caro. Y ese estrés viene provocado por la manía de dejar todas esas compras para los últimos días, y nos encontramos a mucha gente el día 23-24 corriendo como si fueran perseguidos por el mismísimo Satanás, arrancando objetos de las manos de otros porque suponen tener más derecho, corriendo por llegar primero, olvidando y obviando las normas de cortesía y buena educación, sólo para tener todas esas cosas para demostrar que somos los más buenos y los que tenemos el espíritu navideño más largo.

Porque estos días son para estar con los demás, hacer como que te caen bien, pasar ratos de gran tensión en la mesa o en la antecena, o en la postcena. No me refiero sólo a los familiares, también a los compañeros de trabajo durante las cenas de empresa. Sin duda, hace poco he leído que un par de cenas de empresa habían terminado en pelea multitudinaria. Lo que me sorprende es que no pase más a menudo.

Pero no os preocupéis, a partid del día 6 de enero ya podemos volver a odiarnos y a llevarnos mal. Ya podemos volver a olvidarnos de los necesitados (los de verdad, no los que aprovechan estas fechas para dar pena), podemos planificar los regalos para los cumpleaños/aniversarios, hay que regalar cuando toca, no sin motivo, a diestro y siniestro, pues eso sería un desbarajuste.

Porque estas fechas lo que nos insuflan es una gran presión por ser buenas personas y demostrarlo. No nos basta con ser buenas personas, tenemos que ser las mejores, aunque eso signifique pisotear al que tenemos al lado. Tenemos que ser los mejores y eso, no es un buen aliciente para alentar ese espíritu, es una competición encubierta para ver quién gasta más, quién pone la mesa más ostentosa, quién da el mejor regalo.

La Navidad podría ser una gran época si no la hubiésemos planteado tan sumamente mal. Puede que sea un señor Scrooge.. sí, es posible, pero al menos no caigo en hipocresías. Hoy se supone que es Nochebuena… para mí es jueves, punto.

Este texto se me ha venido a la mente mientras veía a la gente volverse completamente loca en Mercadona hace un rato, porque ir y volver al supermercado en coche, al menos en mi pueblo, es como para otra entrada.

EL TIMO DE LA NUEVA ALIMENTACIÓN

Que digan lo que quieran, pero eso de la “intolerancia a la lactosa” es una coña que se han inventado para sacar más dinero. “Leche sin lactosa”, es como si me dicen que me van a poner un huevo frito sin yema.

En pocos minutos, he visto aproximadamente tres o cuatro anuncios, en uno te venían a decir que ahora la lactosa es mala y te vendían leche sin lactosa, que si la bebes tendrás una esposa/o cañón, unos hijos sonrientes, una casa limpia y ordenada y un coche limpio en la puerta. Otro te vendía la moto de que para hacer tus necesidades necesitas tomarte un yogurt determinado, ¡aunque no te haga falta!

Otros te venden que una galleta o una barra de cereales es suficiente alimento para mantenerte delgado/a y también muy feliz, me gusta ver cómo se centran hoy en día los anuncios en ser feliz.

Vamos, el mismo color de cara tiene cualquiera de nosotros, animales de ciudad que el labrador de Orejilla del Sordete, nosotros, que quien más quien menos tiene moreno de oficina, una tez pálida casi enfermiza, mientras vemos a gente de pueblo, con sus arrugas ganadas a pulso a través de golpes de azada, pero con un color en las mejillas que sólo de verlo, sabemos que a ese hombre no lo tumba ni una explosión nuclear.

Y ese hombre no se toma un yogurt para cagar mejor, ni un mini vasito de leche con chorrocientos millones de protectores gástricos (que nuestro cuerpo ya produce de manera natural), ni se toma leche sin lactosa… ese hombre coge la vaca a pulso y le amorra a la ubre para desayunar, mientras se prepara una tostada con todos los avíos más grandes que la misma vaca, y se mete sus buenos chuletones llenos de colesterol, y se merienda un bocata de chorizo de los de las viñetas de Mortadelo y Filemón, con un chorizo entero que se sale de la barra de pan, y se cena unos huevos con la yema mojada en pan, que cualquiera de los que leemos esto lo ve, y tira el yogurt con lágrimas en los ojos.

Toda esa “comida sana” que nos quieren vender ahora, no es más que otra manera de tenernos acojonados no hay otra explicación, porque lo de “intolerante a la lactosa” lo escuché por primera vez en 2003 o por ahí, hace 10 años, y no digo que alguna gente no pueda serlo, pero es que hoy en día hay más intolerantes a la lactosa que restaurantes chinos.

Se ha puesto de moda y por ello hay comisión médica.

¿Acaso no os dais cuenta de que, cuanta más prevención, más alimentación preparada para que el cuerpo aguante, más aditivos naturales sustraídos a lo alimentos; más enfermedades raras y alergias, y cosas extrañas de esas hay?

Me temo, parroquianos que seguís mis alocados pensamientos, que hemos perdido el norte en cuanto a salud y salubridad se refiere. Vivimos más años, pero ¿a qué precio? ¿De qué me sirve tener 85 años si tengo que tomarme 35 pastillas antes de desayunar (un vasito de leche sin lactosa, que el café a esas edad está prohibido), y no puedo beber, como acabo de decir, café, no puedo almorzar un chuletón, no puedo tomarme una copichuela, no puedo fumar, no puedo tomarme un vaso de leche, no puedo casi ni salir a la calle, no sea que un polen me dé en la frente y me tumbe? ¿Eso es vivir? ¿De verdad que pensáis que eso es vivir? ¡Eso es vivir esclavo de tu propia codicia!

Cada vez tenemos más alergias, y somos más alérgicos, porque nuestro sistema inmunitario se ha vuelto idiota. Vivimos en un ambiente tan aséptico, que nuestras defensas se aburren, y cuando una mota de polvo invade el cuerpo e interrumpe su partida de mus, ahí van los glóbulos blancos en melé cual toma de la Bastilla a neutralizar el intruso que, antaño, era bienvenido pues no era más que un sparring que los preparaba para batallas más duras.

No me tomo esos yogurcitos y, aparte de la puñetera alergia, me encuentro bien, no tomo el yogurt ese verde y hago de cuerpo a diario como un reloj, no me privo de carne roja poco hecha y aquí estoy, con 31 añazos que, si me quito la barba, parece que tengo 20.

Tomad la leche de toda la vida, comed la carne que queráis, si os apetece un flan de postre, que nadie os lo niegue, si desayunáis un café, bebéoslo a mi salud, si queréis un cubata, que no te lo agüen ni te lo pongan del peleón, devorad el queso y el jamón serrano (Que hace poco leí que también era malo para nuestra salud), y sobre todo, corred, saltad, ensuciaos, llenaros de gérmenes, tiraos en el barro y reíd a mandíbula batiente, haced el amor hasta que vuestros músculos se caigan hechos papilla, ¡VIVID!